Mostrando entradas con la etiqueta estupidez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta estupidez. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Esto no es un diario

No utilizo este blog como diario. No escribo sobre mí, al menos no todas las veces.
No me auto-complazco en el dolor, no me conoces, sólo lees lo que escribo, que deja al descubierto un trozo de mi alma para quienes quieran y sepan entenderme.
No me gusta sufrir, pero encuentro inspiradoras ciertas experiencias, mías y ajenas. Sobre eso escribo.
Que nadie intente echarme la culpa a mí de cómo los demás me tratan, y muchísimo menos creer saber cómo me tratan los demás por lo que escribo.
Soy una persona, con sentimientos, que ha sufrido, pero que ha sabido levantarse una y otra vez.
No soy lo que la gente piensa que soy:
No soy superficial, ni simple, ni corriente, ni similar a nadie. Nadie tiene derecho a juzgarme, porque si yo misma no me conozco bien... ¿Cómo te dignas a decirme que me conoces?
Cada día soy de un color, no eres tú quién me pinta con plastidecor.

Nadie va a detenerme, ni apartarme de lo que quiero hacer.

miércoles, 1 de febrero de 2012

¿Quién me ha robado el aliento?


¿Qué debería hacer? ¿Cuál es el plan? ¿Significa la distancia la desaparición del amor? ¿Es una pausa o un fin? Es tan difícil de entender esta desconexión que dudo que llegue a entenderla pronto. Pienso y pienso y no sé realmente que está pasando. No sé si debería tener claro que aquí ha llegado el punto final, si ese cambio fue el punto de inflexión.


¿Cómo saber si ya no te quiero? Peor aún, ¿cómo saber cuando has dejado de quererme?
Yo sabía que algo así no funcionaría, solo he estado engañandome durante meses. ¿O no?
¿Dónde están mis respuestas? ¿Quién me ha robado el aliento? ¿Y los latidos?
¿Qué se supone que debo hacer si ya no hay nada más? Qué probable es que esté exagerando, que las cosas sigan como siempre, que nuestros corazones sigan sonando al compás. Qué probable es que ya no te acuerdes de cómo era mi risa o de cuál es mi cara cuando estoy enfadada.
¿Hasta dónde llega la agonía y cuándo llega la aceptación del hecho?
¿Cómo superar una caída tan larga?


Cientos de veces he dicho que cada día se hace más difícil salir del agujero negro en el que he caído, ¿vas a apartar la mano que me salva del precipicio? ¿Vas a conseguir que llore? Debería conocerme, o conocernos, como para saber cuando hay que parar pero nadie se atreve a decirle al otro que ésta es la última página de nuestro libro, del libro que escribimos juntos.

domingo, 10 de octubre de 2010

Hechos.

Ayer presencié algo. Una estupidez, os vais a reír de la importancia que le doy a algo tan estúpido, pero es interesante:
Eran las 12 de la noche y andábamos por aquí por Gijón, sin tener muy claro a dónde íbamos. Nos sentamos en un bordillo para descansar de los tacones unas y para ponérselos otras y mientras, el mundo seguía. Un grupo de chavales de mi edad (unos 17) pasó por la acera de enfrente y riéndose tiraron el contenedor azul de reciclaje de papel.
No todos colaboraron pero a mí me impactó bastante la situación. El estruendo que hizo el aparatoso contenedor debió de asustar a un par de vecinos porque incluso nosotras que sabíamos lo que había pasado nos sobresaltamos.
La calle quedó cortada porque aparte de ser pequeña, con eso tirado en el suelo ocupando algo menos de media calle ningún coche de tamaño normal cabría. Entonces yo, en uno de esos momentos en los que actos estúpidamente absurdos o absurdamente estúpidos me llegan a la cabeza, decidí convencer a una amiga para que me ayudara a levantarlo.
Es decir, imaginaos la situación, dos niñas, porque somos niñas, a las 12 de la noche intentando levantar un peazo contenedor que pesaría yo que sé cuánto. Ni un centímetro lo movimos.
Cuando ya nos estábamos yendo llegaron dos coches seguidos y el copiloto del primer coche se bajó para intentar levantarlo solo. Yo le ofrecí  mi ayuda pero no me hizo ni caso. Lo intentó y vio que no podría jamás. El del coche de atrás se bajó también y nada, pero en ese momento pasaron otro grupo de chavales algo más pequeños -que por cierto, la mayoría van a mi colegio- y entre todos consiguieron levantar el dichoso contenedor.
Con lo cual, fuimos testigos de cómo un grupo de niñatos desconsiderados, maleducados y inmaduros llevaban a cabo un acto de vandalismo y luego de cómo otro grupo de chicos ayudaban desinteresadamente a los que intentaban poner en pie de nuevo el contenedor.
Quizá no lo veáis desde el punto de vista desde el que yo lo veo, pero a mí me da una clara lección sobre los valores y la moral de algunas personas.
Quizá esos chicos que tiraron el contenedor simplemente no eran conscientes de lo que estaban haciendo, quizás sí que lo eran y no les importaba. O a lo peor simplemente eran estúpidos.

domingo, 18 de julio de 2010

Acabo de leer esto por ahí y me ha encantado, no sé su procedencia.

+ A ver, cómo quiere que se lo cuente? No lo va a entender! No lo entiendo ni yo… Él se puso a hacer café, y yo empecé a cotillear en sus cosas. Y de repente, sentí esa estupidez que por lo visto le da a muchas personas.
- ¿Qué sentiste?
+ ¡Qué le quería! Dios, me da vergüenza hasta decirlo.