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viernes, 4 de noviembre de 2011

No sé nada de moda

Hay algo que odio sobre la moda, algo que odio con toda mi alma. Empezaré por el principio:
Me encantan las compras, me encanta la sofisticación y la elegancia. Me gusta preocuparme por como me veo, pasarme el tiempo pensando con qué combinar o dejar de combinar una falda de encaje color nude, las pasarelas y fijarme como visten los que salen en las revistas.
Me gusta dar consejos de moda y de maquillaje y sobre todo me hace alucinar que alguien me los pida.
Pero hay algo que detesto y es que la moda parece obligar a sus seguidores a adornarse con mil abalorios -como si fueran un árbol de Navidad-, con diferentes y exagerados estampados o con prendas imposibles que parece que nadie jamás va a ponerse, por el simple hecho de que son prendas sinsentido.

A mí me gusta la moda, pero soy una persona sencilla para todo y no me verás con estampados llamativos o de colores que te griten en la cara. Me gusta la sencillez en todos sus aspectos.
Si después de sencilla tuviera que calificarme con otro adjetivo, ese sería sin duda práctica. Soy una chica práctica a la que un collar, por bonito que sea, le molesta al caminar. Un anillo, sobre todo los más grandes que son los que más amo, molesta a la hora de comer o de utilizar la manos para algo.
Las pulseras sí que son el peor invento: se mueven, rozan, suenan... Molestan.

Todo esto hace que mis modelitos se basen en los colores y en las formas, dejando de lado los demás elementos fashionistas que acabo de mencionar.
Y aún así, por narcisista que pueda sonar, me encanta mi estilo y me parece que sé de moda. Lo que me hace tener ganas de participar en concursos.
Esto me lleva a ver fotos de otros posibles participantes o ejemplos puestos por los propios organizadores.
Entonces lo veo: mil collares, mil pulseras y mil anillos. Pelo absolutamente imposible para la vida diaria. Prendas de ropa -preciosas- pero que parecen incomodísimas o que en cualquier persona normal resultarían ridículas. Colores delirantes, todos mezclados.
Y llego yo, con mi camiseta roja, mis vaqueros y mis converse negras. Y me parece que voy divina.

¿Qué se hace entonces?

Me lleva a preguntarme, terrible mente la mía, si es que yo visto mal. Me lleva a pensar que en realidad lo que pasa es que yo no tengo ni idea de moda.
Porque esos looks me gritan a la cara que la moda es exuberancia, exageración, sobrecarga de accesorios... Llamar la atención.

Y para mí la moda solo es una forma de expresión.

domingo, 10 de octubre de 2010

Hechos.

Ayer presencié algo. Una estupidez, os vais a reír de la importancia que le doy a algo tan estúpido, pero es interesante:
Eran las 12 de la noche y andábamos por aquí por Gijón, sin tener muy claro a dónde íbamos. Nos sentamos en un bordillo para descansar de los tacones unas y para ponérselos otras y mientras, el mundo seguía. Un grupo de chavales de mi edad (unos 17) pasó por la acera de enfrente y riéndose tiraron el contenedor azul de reciclaje de papel.
No todos colaboraron pero a mí me impactó bastante la situación. El estruendo que hizo el aparatoso contenedor debió de asustar a un par de vecinos porque incluso nosotras que sabíamos lo que había pasado nos sobresaltamos.
La calle quedó cortada porque aparte de ser pequeña, con eso tirado en el suelo ocupando algo menos de media calle ningún coche de tamaño normal cabría. Entonces yo, en uno de esos momentos en los que actos estúpidamente absurdos o absurdamente estúpidos me llegan a la cabeza, decidí convencer a una amiga para que me ayudara a levantarlo.
Es decir, imaginaos la situación, dos niñas, porque somos niñas, a las 12 de la noche intentando levantar un peazo contenedor que pesaría yo que sé cuánto. Ni un centímetro lo movimos.
Cuando ya nos estábamos yendo llegaron dos coches seguidos y el copiloto del primer coche se bajó para intentar levantarlo solo. Yo le ofrecí  mi ayuda pero no me hizo ni caso. Lo intentó y vio que no podría jamás. El del coche de atrás se bajó también y nada, pero en ese momento pasaron otro grupo de chavales algo más pequeños -que por cierto, la mayoría van a mi colegio- y entre todos consiguieron levantar el dichoso contenedor.
Con lo cual, fuimos testigos de cómo un grupo de niñatos desconsiderados, maleducados y inmaduros llevaban a cabo un acto de vandalismo y luego de cómo otro grupo de chicos ayudaban desinteresadamente a los que intentaban poner en pie de nuevo el contenedor.
Quizá no lo veáis desde el punto de vista desde el que yo lo veo, pero a mí me da una clara lección sobre los valores y la moral de algunas personas.
Quizá esos chicos que tiraron el contenedor simplemente no eran conscientes de lo que estaban haciendo, quizás sí que lo eran y no les importaba. O a lo peor simplemente eran estúpidos.